NACIONAL 340

Tomar aquella carretera era sinónimo de viaje, de vacaciones familiares. El momento cumbre en que el coche horadaba la frontera era el más especial. Ese cambio drástico del paisaje me maravillaba. De la tierra próspera a la tierra mísera, de la huerta al páramo, del verde fértil al amarillo abrasado. La misma desolación se intuía en los corazones, la misma necesidad de amar, al contemplar las centelleantes luces de neón que poblaban los arcenes.

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